Sólo se trata de andar. Poner los ojos como platos
atentos al camino, abrir la boca frente a ti, aguantando la vergüenza
porque tenemos un motivo para hacerlo. Si la ciudad no va a los libros,
los libros van a la ciudad. Traemos libros, traemos libros bajo el brazo
y sobre la cabeza, y esto nos ha enseñado en algo el equilibrio.
Traemos libros en las bolsas y en las mochilas, es pesado, y justo por
eso nos vuelve un poco más fuertes. Traemos libros a cuestas, pregonamos
a todo el que quiera escuchar nuestro cuento.
Somos dos, Pierre Lamarck y Flavio Salaíno, venimos
de otra parte cargados de páginas bajo el brazo y en nuestro fiel
carrito de mandado Nuevo Laredo, montados en una enorme tricicleta “La
nave de los locos” El Lázaro Peregrino en vaivén por las calles de la
gran Tenochtitlán, orgullosos de su nombre y memoria. Tal como Juan
Manzano -Johnny Appleseed- llevaba las semillas de manzana, y con esto
la concordia entre los hombres, y la vida, nosotros no sólo portamos
libros, sino esencialmente ideas de otros tiempos y otras partes, ideas
dispuestas a ser comunicadas que pueden germinar como los dientes de
león, en los sitios más adversos y recónditos, en cualquier mente humana
dispuesta en cualquier tiempo y cualquier espacio, atravesando siglos y
lenguajes. Por eso es que andamos también con un altavoz a nuestro
servicio, no para anunciar burdamente los libros que vendemos, sino para
decir algunas cosas que creemos pueden ser verdades elementales y
empolvadas, y que deben ser dichas y oídas al menos una vez, como estas
líneas del poeta español Federico García Lorca, asesinado por decir y
vivir la verdad con todo su corazón:
La muchedumbre de martillo, de violín o de nube,ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,ha de gritar frente a las cúpulas,ha de gritar loca de fuego,ha de gritar loca de nieve,ha de gritar con la cabeza llena de excremento,ha de gritar como todas las noches juntas,ha de gritar con voz tan desgarradahasta que las ciudades tiemblen como niñasy rompan las prisiones del aceite y la música,porque queremos el pan nuestro de cada día,flor de aliso y perenne ternura desgranada,porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierraque da sus frutos para todos.O estas que la poeta palestina Fawda Touqan escribe durante la tormenta como una premonición por cumplirse todavía:El árbol se alzará.El árbol se alzará, y sus ramas,al sol, irán creciendo;en risas verdeciendo, y en hojas,cara al sol.Y el pájaro vendrá,no tiene más remedio que venir.El pájaro vendrá.El pájaro vendrá.
Esperamos no molestar a los transeúntes. O mejor
dicho, sí, esperamos molestarlos de la manera más insospechada y sutil,
aunque esto último sólo en apariencia, pues la poesía o lo poético -que
no el poema- es, entre muchas otras cosas -tantas y probablemente todas
ellas verdaderas que no creemos valga la pena intentar enumerarlas- una
trampa de seda, o un agresivo gusano apenas diminuto que despierta ante
la articulación de la provocadora idea nueva buscando sitio en un
abigarrado “sistema de creencias” – si es que tal cosa existe-, y que
resuena una palabra en el interior de uno, una idea escuchada o leída
por ahí en algún sitio: una palabra en el interior de uno resonando
intermitente, aunque cada vez más fuerte, más fuerte resonando hasta
volverse audible de veras, esto es, con todos los sentidos de lo humano,
no sólo el oído y la memoria. Esto es, cuando se vuelve inevitable y
por lo tanto real, cuando la poesía realmente dice, expresa, hiere y
reconforta, como buena y sabia compañera que puede llegar a ser. Real
porque, amén que se piense a menudo en todo esto como un proceso
meramente intelectual, es entonces que el individuo debe necesariamente
modificar su composición, aunque sea un poco, en algo que en definitiva
va más allá de la confortable razón, aceptar que hay algo que ha nacido
en él de una vez y para siempre, o vivir en la simulación y el miedo.
Pero no creemos que el mundo sea más un lugar para cobardes y
pretendemos a nuestro modo actuar en consecuencia, así sea asumiendo el
que consideramos honroso oficio de la librería andante -oficio que
probablemente contaría con la venia de algunos personajes honorables
regados por todo toda la trama de tiempo y espacio, y no sólo enclavados
en el ahora. Esperamos pues molestar a los transeúntes de la manera más
insospechada y sutil, y sin embargo poderosa. No olvidemos esto: los
que queman libros saben lo que hacen, y la mejor manera de salvar un
libro de la destrucción es leerlo.
Por lo demás sabemos que la idea sonará para algunos
inocente y romántica, o con afán de obtener reconocimiento, sin embargo
no creemos que sea así. Creemos por ejemplo que es más inocente extrañar
un libro perdido porque era una edición tal con una cubierta de piel
tratada de tal modo, y en muchos casos más histriónico y narcisista el
esfuerzo de muchos autores noveles por autopublicarse o ser publicados a
toda costa. Sin embargo ya lo decía Rodrigo González en El profeta del
nopal en los años ochenta, aún después del último terremoto en la ciudad
de México que, según algunos inocentes, le quitó la vida. Ayer mismo
Rockdrigo cantaba aquí en la Nena Oscura que éste es un tiempo de
híbridos, y nosotros también somos eso. No nos asumimos simple o
solamente como vendedores ambulantes y no nos interesa volvernos ricos
ni instalar un puesto para no movernos más con libros retractilados que
no hemos leído ni pensamos leer nunca.
Más bien creemos que es tiempo de pasar de las
palabras a los hechos y de hacer llegar, según nuestras circunstancias
lo permitan, la palabra a nuestros iguales, más allá de los esfuerzos
institucionales en lo referente a cultura o promoción de la lectura,
muchas veces dudosos, sean sinceros o no. Más allá de los congresos
académicos, tantas veces ampulosos y alejados del hombre de a pie, es
hora de actuar por lo que nos interesa. Internet ha sido una plataforma
excelente para desarrollar ideas y darlas a conocer al mundo, aunque
este mundo pueda ser pequeño; también ha sido un centro de maduración y
continuidad de proyectos, aunque estos proyectos puedan parecer
descabellados. Ha sido la reiteración de una idea que alguna vez
tuvimos, que se nos ha metido tanto que comenzamos a creer que puede ser
real si nos lo proponemos, y que nos emociona mucho más fuera de las
computadoras, aunque las computadoras y las calles sean cosas bien
distintas y por lo tanto complementarias.
No queda mucho por decir. Trazaremos rutas con
destino a los cuatro rumbos y subrumbos a partir de la colonia del Valle
para llevar libros en venta e intercambio por las calles como quien
lleva aquel milagro de los panes de dule, para literalmente leerle a la
gente en el camino en busca de que algo pase. Trataremos de promover las
ideas y de difundir las palabras, evitaremos en lo posible la
confrontación con esos seres extraños, algunas veces sorprendentes,
siempre intrigantes conocidos como policías, aunque sabemos que al final
resultará inevitable, y está bien, probablemente deba ser así.
Esperamos que los automovilistas sepan respetar nuestro andar, pero no
respondemos por ellos. Seguro que aventuras habrá, y seguro que las
compartiremos con quien las quiera leer si consideramos que en algo
puede aprotar nuestra experiencia particular a la experiencia humana,
pero de todo esto y de otras cosas más ya escribiremos.
Bienvenidos sean pues a este grito en el desierto o botella diminuta en el mar adusto -que no se siente mal con serlo.
La Nena Oscura, la casa de los Libros de Otra Parte los recibe gustosa.
-Flavio
Salaíno