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Declaración de principios. Al otro lado del libro en la calle. Sólo se trata de andar.

martes, 21 de mayo de 2013

Sólo se trata de andar. Poner los ojos como platos atentos al camino, abrir la boca frente a ti, aguantando la vergüenza porque tenemos un motivo para hacerlo. Si la ciudad no va a los libros, los libros van a la ciudad. Traemos libros, traemos libros bajo el brazo y sobre la cabeza, y esto nos ha enseñado en algo el equilibrio. Traemos libros en las bolsas y en las mochilas, es pesado, y justo por eso nos vuelve un poco más fuertes. Traemos libros a cuestas, pregonamos a todo el que quiera escuchar nuestro cuento.

Somos dos, Pierre Lamarck y Flavio Salaíno, venimos de otra parte cargados de páginas bajo el brazo y en nuestro fiel carrito de mandado Nuevo Laredo, montados en una enorme tricicleta “La nave de los locos” El Lázaro Peregrino en vaivén por las calles de la gran Tenochtitlán, orgullosos de su nombre y memoria. Tal como Juan Manzano -Johnny Appleseed- llevaba las semillas de manzana, y con esto la concordia entre los hombres, y la vida, nosotros no sólo portamos libros, sino esencialmente ideas de otros tiempos y otras partes, ideas dispuestas a ser comunicadas que pueden germinar como los dientes de león, en los sitios más adversos y recónditos, en cualquier mente humana dispuesta en cualquier tiempo y cualquier espacio, atravesando siglos y lenguajes. Por eso es que andamos también con un altavoz a nuestro servicio, no para anunciar burdamente los libros que vendemos, sino para decir algunas cosas que creemos pueden ser verdades elementales y empolvadas, y que deben ser dichas y oídas al menos una vez, como estas líneas del poeta español Federico García Lorca, asesinado por decir y vivir la verdad con todo su corazón:

La muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.
O estas que la poeta palestina Fawda Touqan escribe durante la tormenta como una premonición por cumplirse todavía:
El árbol se alzará.
El árbol se alzará, y sus ramas,
al sol, irán creciendo;
en risas verdeciendo, y en hojas,
cara al sol.
Y el pájaro vendrá,
no tiene más remedio que venir.
El pájaro vendrá.
El pájaro vendrá.

Esperamos no molestar a los transeúntes. O mejor dicho, sí, esperamos molestarlos de la manera más insospechada y sutil, aunque esto último sólo en apariencia, pues la poesía o lo poético -que no el poema- es, entre muchas otras cosas -tantas y probablemente todas ellas verdaderas que no creemos valga la pena intentar enumerarlas- una trampa de seda, o un agresivo gusano apenas diminuto que despierta ante la articulación de la provocadora idea nueva buscando sitio en un abigarrado “sistema de creencias” – si es que tal cosa existe-, y que resuena una palabra en el interior de uno, una idea escuchada o leída por ahí en algún sitio: una palabra en el interior de uno resonando intermitente, aunque cada vez más fuerte, más fuerte resonando hasta volverse audible de veras, esto es, con todos los sentidos de lo humano, no sólo el oído y la memoria. Esto es, cuando se vuelve inevitable y por lo tanto real, cuando la poesía realmente dice, expresa, hiere y reconforta, como buena y sabia compañera que puede llegar a ser. Real porque, amén que se piense a menudo en todo esto como un proceso meramente intelectual, es entonces que el individuo debe necesariamente modificar su composición, aunque sea un poco, en algo que en definitiva va más allá de la confortable razón, aceptar que hay algo que ha nacido en él de una vez y para siempre, o vivir en la simulación y el miedo. Pero no creemos que el mundo sea más un lugar para cobardes y pretendemos a nuestro modo actuar en consecuencia, así sea asumiendo el que consideramos honroso oficio de la librería andante -oficio que probablemente contaría con la venia de algunos personajes honorables regados por todo toda la trama de tiempo y espacio, y no sólo enclavados en el ahora. Esperamos pues molestar a los transeúntes de la manera más insospechada y sutil, y sin embargo poderosa. No olvidemos esto: los que queman libros saben lo que hacen, y la mejor manera de salvar un libro de la destrucción es leerlo.

Por lo demás sabemos que la idea sonará para algunos inocente y romántica, o con afán de obtener reconocimiento, sin embargo no creemos que sea así. Creemos por ejemplo que es más inocente extrañar un libro perdido porque era una edición tal con una cubierta de piel tratada de tal modo, y en muchos casos más histriónico y narcisista el esfuerzo de muchos autores noveles por autopublicarse o ser publicados a toda costa. Sin embargo ya lo decía Rodrigo González en El profeta del nopal en los años ochenta, aún después del último terremoto en la ciudad de México que, según algunos inocentes, le quitó la vida. Ayer mismo Rockdrigo cantaba aquí en la Nena Oscura que éste es un tiempo de híbridos, y nosotros también somos eso. No nos asumimos simple o solamente como vendedores ambulantes y no nos interesa volvernos ricos ni instalar un puesto para no movernos más con libros retractilados que no hemos leído ni pensamos leer nunca.

Más bien creemos que es tiempo de pasar de las palabras a los hechos y de hacer llegar, según nuestras circunstancias lo permitan, la palabra a nuestros iguales, más allá de los esfuerzos institucionales en lo referente a cultura o promoción de la lectura, muchas veces dudosos, sean sinceros o no. Más allá de los congresos académicos, tantas veces ampulosos y alejados del hombre de a pie, es hora de actuar por lo que nos interesa. Internet ha sido una plataforma excelente para desarrollar ideas y darlas a conocer al mundo, aunque este mundo pueda ser pequeño; también ha sido un centro de maduración y continuidad de proyectos, aunque estos proyectos puedan parecer descabellados. Ha sido la reiteración de una idea que alguna vez tuvimos, que se nos ha metido tanto que comenzamos a creer que puede ser real si nos lo proponemos, y que nos emociona mucho más fuera de las computadoras, aunque las computadoras y las calles sean cosas bien distintas y por lo tanto complementarias.

No queda mucho por decir. Trazaremos rutas con destino a los cuatro rumbos y subrumbos a partir de la colonia del Valle para llevar libros en venta e intercambio por las calles como quien lleva aquel milagro de los panes de dule, para literalmente leerle a la gente en el camino en busca de que algo pase. Trataremos de promover las ideas y de difundir las palabras, evitaremos en lo posible la confrontación con esos seres extraños, algunas veces sorprendentes, siempre intrigantes conocidos como policías, aunque sabemos que al final resultará inevitable, y está bien, probablemente deba ser así. Esperamos que los automovilistas sepan respetar nuestro andar, pero no respondemos por ellos. Seguro que aventuras habrá, y seguro que las compartiremos con quien las quiera leer si consideramos que en algo puede aprotar nuestra experiencia particular a la experiencia humana, pero de todo esto y de otras cosas más ya escribiremos.

Bienvenidos sean pues a este grito en el desierto o botella diminuta en el mar adusto -que no se siente mal con serlo.

La Nena Oscura, la casa de los Libros de Otra Parte los recibe gustosa.

                                                                                                                  -Flavio Salaíno

 
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